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Viernes 21 de noviembre de 2014
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Opinión

· 28 de febrero a las 18:32hs

¿Qué es la Soberanía Alimentaria?

La definición oficial del Comité internacional para la Planificación de la Soberanía Alimentaria, el CIP, una red internacional que reúne a organizaciones representativas de agricultores, pescadores, pequeños productores, trabajadores agrícolas y pueblos indígenas, define la Soberanía Alimentaria como: “el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sustentable y ecológica, y el derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Sitúa a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas. Defiende los intereses e incluye a las futuras generaciones. Ofrece una estrategia para resistir y desmantelar el comercio libre y corporativo y el régimen alimentario actual, para encauzar los sistemas alimentarios, agrícolas, pastoriles y de pesca hacia su gestión por productores y productoras locales”.

Asimismo, las definiciones del CIP añaden que: “La Soberanía Alimentaria da prioridad a las economías locales y a los mercados locales y nacionales, otorga el poder a los campesinos y a la agricultura familiar, la pesca artesanal y el pastoreo tradicional, y coloca la producción alimentaria, la distribución y el consumo sobre la base de la sustentabilidad ambiental, social y económica. La Soberanía Alimentaria promueve el comercio transparente, que garantice ingresos dignos para todos los pueblos, y los derechos de los consumidores para controlar su propia alimentación y nutrición. Garantiza que los derechos de acceso y la gestión de nuestra tierra, de nuestros territorios, nuestras aguas, nuestras semillas, nuestro ganado y la biodiversidad, estén en manos de aquellos que producen los alimentos. La Soberanía Alimentaria supone nuevas relaciones sociales libres de opresión y desigualdades entre los hombres y mujeres, pueblos, grupos étnicos, clases sociales y generaciones”.

La Soberanía Alimentaria como nuevo concepto fue presentado por la Vía Campesina, durante la Cumbre Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en el año 1996. Desde entonces, han pasado muchos años, y el paradigma fue confirmado en diversos encuentros internacionales, tales como el Foro Mundial por la Soberanía Alimentaria de La Habana en septiembre de 2001; el Foro de Organizaciones No Gubernamentales para la Soberanía Alimentaria en Roma, realizado en paralelo con la Cumbre Mundial de la Alimentación, en el año 2007. Diversos encuentros internacionales han ratificado también el paradigma de la Soberanía Alimentaria en los años posteriores. No obstante ello, es dable comprobar que, desafortunadamente, los procesos de la Globalización no hacen sino alejar a las sociedades de aquellos presupuestos básicos y de aquellos objetivos señalados quince años atrás como deseables y posibles. Es que la Globalización ha producido: creciente despoblamiento de las zonas rurales con implantación de monocultivos y graves procesos de desertización de la tierra, y ello ha empujado a una galopante urbanización. La extensión a escala planetaria de una agricultura química, con enorme dependencia de insumos y con masiva utilización de semillas genéticamente modificadas, ha logrado generalizar los desarraigos humanos que vinculaban históricamente las poblaciones a sus hábitats naturales. El nuevo modo de ser del Capitalismo global es el Agronegocio, un modelo de producción y de consumo que convierte en mercancía los frutos de la tierra y que transforma al hombre en mero consumidor, tal como si fuese él mismo, una mercancía. Bajo las nuevas reglas impuestas por el Agronegocio y en un mundo cada vez más dependiente de los mercados globales, los hambrientos han pasado en poco más de cincuenta años, de ochenta millones a más de mil millones de seres en grave situación alimentaria y la cifra no para de crecer, mientras continúan desapareciendo, sociedades campesinas y comunidades rurales. Se destruyen sin pausa ecosistemas que permitían la vida de poblaciones originarias o de pescadores de costa y de pequeña escala.

Los nuevos condenados de la tierra resultan incontables, su destino inexorable es el de engrosar las inmensas periferias de indigencia en las nuevas megalópolis que se multiplican en un planeta cada vez más amenazado por la sinergia de la crisis energética con la crisis del Cambio Climático. Se multiplican por parte de los gobiernos, planes respaldados por organismos internacionales y financieros, para integrar al mercado lo que, con menoscabo, se denomina la “pequeña” agricultura: los huertos de auto subsistencia, las economías campesinas y la nueva ruralidad de los que buscan volver al campo escapando de las grandes urbes. Bajo la excusa de prestarles ayuda, se los asiste técnicamente o con créditos blandos, para inculcarles la dependencia a insumos y la escala agroindustrial, a la vez que se los introduce en esquemas de mercadeo en los que no podrán subsistir sino asistencializados o en los que deberán terminar integrándose a empresas de mayor escala. La agricultura ecológica que se basaba en principios morales y en criterios de responsabilidad personal, es ahora vista como nicho ecológico, al que se busca integrar en los mercados, mediante certificaciones y sellos de calidad.

En una sociedad enajenada por el objetivo de hacer más dinero y por consumir de manera insaciable, resulta difícil preservar ciertos principios y prácticas que serían necesarios o acaso imprescindibles, para el Proyecto de la Soberanía Alimentaria. El recurso por parte de las compañías de implementar políticas de Responsabilidad social empresarial, RSE, que permiten realizar nuevos negocios, pero ahora basados en principios éticos y pretendidas preocupaciones ambientales, ha terminado desnaturalizando en el común de las personas, el concepto. La Soberanía Alimentaria termina confundida con el concepto de Seguridad Alimentaria, o con meros sucedáneos, destinados a un público banalizado por la publicidad. La Soberanía Alimentaria necesitaría para poder instalarse sobre un territorio o sobre un país, del concurso de otras soberanías para hacerse real. Imaginarla sin una correspondiente Soberanía Nacional que la posibilite, y que le permita llevar su propuesta al plano alimentario y de los asentamientos territoriales, es un engaño. Solo una situación de crisis profunda en los sistemas energéticos y financieros, así como de los mercados globales, podría permitir que, en las esperanzas de los hambrientos y de los infortunados, vuelva a instalarse la Soberanía Alimentaria como una propuesta liberadora.

Jorge Eduardo Rulli
GRR Grupo de Reflexión Rural
26 de febrero de 2012

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3 comentarios

  1. sergio anderson

    feo es esto

    22 agosto, 2013 a las 9:49 pm · Responder
  2. maycol

    jeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

    29 agosto, 2013 a las 6:39 pm · Responder
  3. ninfa estefania

    QUE LINDO APRENDER ESTO

    4 septiembre, 2013 a las 12:05 pm · Responder

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