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Lunes 28 de julio de 2014
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· 7 de abril a las 12:07hs

Un principio que nos dijeron que es básico en la lucha química contra las plagas es que se debe usar la dosis justa para cada "bicho", es decir la que el fabricante del agrotóxico ha determinado, si utilizamos cada vez menos dosis lo que se va a lograr es la aparición de resistencia. Quien ha tenido que tomar antibiótico por alguna infección recordará que el médico le habrá dicho "no corte la toma aunque se sienta mejor" la experiencia es justamente evitar generar resistencia. Queda claro que "el cuidado del medio ambiente" no es presionar la aparición de plagas cada día mas agresivas, algo que la frágil memoria (¿conocimientos?) de los los CEO del agronegocio parecen haber olvidado, con gran soltura se permiten decir hoy negro y mañana blanco. Los individuos resistentes de las plagas ( ya pasan de la docena las adventicias resistentes al glifosato) también son un excelente agronegocio ya que en primer lugar duplican el contenido del principio activo (PA droga) con nuevo precio (así lo hicieron con el glifosato que del 24% pasaron al 48%) y para el bien de la sociedad se promocionarán nuevos, mas poderosos y costosos agrotóxicos.

"Hay mucha desinformación ambientalista"

Roberto Giesemann, presidente de Croplife Latinoamérica, destaca que la cienciay la tecnología incorporadas a los cultivos “son para bien de la sociedad”.

06/04/2012 00:01 , por Carlos Petroli

Nacido en Chiapas, productor de café, residente en el distrito federal de México, Roberto Giesemann acaba de ser encumbrado al frente de la junta ejecutiva de CropLife Latinoamérica, durante la quinta convención anual que se llevó a cabo en Punta del Este (Uruguay).

La organización internacional agrupa a las principales empresas de agroquímicos y a una red de asociaciones en 18 países de la región, entre ellas Casafe, la Cámara Argentina de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes. En la convención de Uruguay, se abordaron los desafíos y perspectivas de la agricultura del Cono Sur para los próximos 20 años.

Durante una entrevista con medios argentinos –entre ellos La Voz del Interior –, Giesemann (que también es director de la compañía DuPont en el área de productos agrícolas para la zona norte de Latinoamérica) fue consultado sobre temas urticantes, como las reformas sobre tenencia de la tierra y la oposición de organizaciones ambientalistas a los denominados “paquetes agrícolas transgénicos o biotecnológicos”.

–¿Qué eventos de biotecnología de segundo piso se vienen para los próximos años?

–Independientemente del segmento de semillas, tenemos productos innovadores en materia de control de enfermedades. Herbicidas, fungicidas, insecticidas cada vez más revolucionarios y avanzados tecnológicamente, con un simple y sencillo fin: que se utilicen cada vez en menores dosis, que garanticemos el cuidado del medio ambiente, que garanticemos la seguridad de quienes los aplican. Eso para el bien tanto de la sociedad como de los cultivos. Se estima que más o menos 40 productos de muy alta innovación y tecnología en los siguientes años vendrán a revolucionar lo que hoy ya se está aplicando en la agricultura moderna.

–¿Y cómo ve el grado de adopción en la Argentina?

–Cada vez que se habla de agro, la Argentina es un referente obligado junto con Brasil, sobre todo en América latina y, por lo que entiendo, la Argentina es una potencia en varios cultivos. Tan sólo en soja es el productor más eficiente, con la mayor tecnología; es una potencia mundial.

–¿Cuál es la estrategia de las empresas para enfrentar el discurso ambientalista que por allí frena este avance?

–El problema es de información. Cuando hablamos de biotecnología usamos un término un tanto rimbombante, pero de lo que estamos hablando es de ciencia y tecnología. El algodón de la camisa que llevamos puesta es seguramente un algodón transgénico desde hace más de 30 años. No entender que la ciencia y la tecnología son para el bien de la humanidad sería como no aceptar utilizar automotores o aviones. La ciencia y la tecnología avanzan y hay que hacer uso de ellas por el bien de la sociedad. Yo creo que en esto hay una enorme cantidad de desinformación, manipulación, en el sentido de que no puede ser que la ciencia y la tecnología hagan mal.

–Pero hay un grado de diferenciación: por un lado, las grandes ONG que defienden más el “lobby” de los consumidores europeos en relación con los eventos biotecnológicos y, por otro, los reclamos sobre los efectos de los productos fitosanitarios. ¿Se reconoce en estos algún mal uso o efecto colateral?

–En absoluto reconocemos que haya un mal uso. El problema es que, como en cualquier producto sensible, hay que seguir las instrucciones que vienen en las etiquetas de los productos. En la medida en que se utilicen con base en las recomendaciones, los productos son absolutamente seguros. Para eso, como asociación, en conjunto capacitamos a los usuarios finales, a la sociedad y, en ese sentido, los productos son absolutamente sanos si se utilizan de acuerdo con las recomendaciones.

–Entre los desafíos de la agricultura, usted ha mencionado mejorar la tenencia de la tierra. En la Argentina, cuando se habla de esto, se alude a una reforma agraria, un concepto para muchos arcaico.

–Con este concepto me he referido más a mi zona, en el norte de Latinoamérica, sobre todo México, Centroamérica, en donde hubo una reforma agraria y desafortunadamente durante muchos años se mantuvo un minifundismo que no ayudó al desarrollo de la actividad agropecuaria. Cuando me refiero a reforma agraria o a cuestiones de tenencia de la tierra es básicamente la posibilidad de asociación, de hacer unidades de producción en conjunto, que es la medida de alcanzar unidades sustentables. Hablo como productor de café en México, donde el promedio nacional de tenencia de la tierra es media hectárea. Y el minifundio no es sustentable; una cosa es la cantidad de tierra que un productor pueda tener y otra cómo se organiza para ser más productivo, a través de cooperativas o sociedades de producción. Pero es muy probable que el concepto de tenencia no sea igual en todos los países.

–¿Es posible que los productores latinoamericanos puedan acceder a estos paquetes tecnológicos para aumentar la productividad?

–Por supuesto, ése es el reto. La buena noticia para América latina es que, de todo el territorio global, tiene todavía el mayor margen en materia de expandir las fronteras agrícolas, pero sería un error pensar sólo en expandir. Un ejemplo claro es Colombia, que todavía tiene una extensión de tierra bastante atractiva para ampliar los cultivos. Pero hay otros países que ya están al límite, y avanzar sobre las reservas naturales sería un suicidio. Entonces, lo que buscamos es aumentar la productividad con la ayuda de la tecnología. Se logró en Asia, con el arroz, y lo mismo tenemos que hacer aquí, para ser más productivos en la misma superficie, ser mas eficientes en la cadena de distribución, en la manera en que utilizamos los productos, evitar que se desperdicien; hay varias formas de coadyuvar en esta problemática, pero hay que hacerlo ya, porque se nos está haciendo tarde.

–¿Qué les preocupa más, la falta de adopción por parte de los productores en algunas regiones o la incidencia de las políticas públicas, del aparato regulatorio de los gobiernos?

–Difícil optar; las dos son retos, no diría obstáculos. Por un lado, es importante trabajar con los agentes reguladores de todos los países, justamente para asegurar el adecuado uso de todos estos productos y evitar que entren algunos que a lo mejor no están suficientemente bien regulados o probados. Y por el otro, el tema de la adopción es un tema gradual, evidentemente. Para mí, como productor, lo más importante es que me traigan soluciones.

Quién es

Roberto Giesemann. Presidente de la junta directiva de CropLife Latinoamérica y director de productos agrícolas de DuPont para Latinoamérica Norte. Ex titular de la Asociación Mejicana de la Industria Fitosanitaria.

CropLife. Es una organización gremial internacional que agrupa a empresas e instituciones relacionadas con la ciencia de los cultivos (semillas, biotecnología, productos fitosanitarios).

RSE. Entre sus programas de buenas prácticas agrícolas se destacan Campo Limpio (recolección de envases) y Cuidagro (uso responsable de fitosanitarios).

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