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Viernes 25 de abril de 2014
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· 22 de febrero a las 11:08hs

Fumigaciones con glifosato y problemas de salud en la localidad de Acheral

Habitantes de esa comuna, ubicada a 45 kilómetros de la Capital tucumana, denunciaron que la utilización de ese herbicida en un campo de soja, ubicado a metros de sus casas y frente a una escuela, ocasionó enfermedades a varias personas que viven en la zona. Dicen que el delegado comunal no da la cara. Anuncian protestas.

21/02/2012 10:07 AM | Los vecinos de Acheral, localidad ubicada a 45 kilómetros de la Capital tucumana, ya forman parte del cada vez mayor grupo de argentinos para quienes la palabra “soja”, en lugar de representar riqueza y progreso, significa contaminación y enfermedades.

Ello debido a las cada vez más frecuentes fumigaciones con glifosato, un peligroso y contaminante herbicida, de un campo sembrado con dicha oleaginosa que está ubicado a metros de sus casas y frente a la escuela secundaria donde estudian sus hijos.

Debido a esta situación, que ya fue denunciada ante las autoridades comunales y policiales sin lograr una respuesta positiva, los pobladores anunciaron que en los próximos días iniciarán un plan de lucha para exigir que se prohíba el uso de glifosato en la zona.

Vecinos de Acheral, encabezados por Alfredo Olea, María Villarreal, Graciela Salomón y Norberta Lorenzo, visitaron la redacción de EL SIGLO para poner en conocimiento de este tema a la opinión pública y a las autoridades pertinentes.

Informaron que todo comenzó en diciembre último, cuando se inició un sembradío de soja en un terreno ubicado a escasos metros de sus viviendas y de la escuela.

“No estamos en contra de la soja, pero sí en contra de los agroquímicos que se usan en estas plantaciones”, aclararon.

Informaron que “se realizo una presentación al delegado comunal Victor Hugo Cardozo con las firmas de los vecinos pidiéndole que no se realicen las fumigaciones, porque en ellas se utilizan glifosato. Tenemos conocimientos de lo que pueden ocasionar a nuestra salud y en principal a los niños y ancianos, como ser distintos tipos de cáncer, esterilidad, malformaciones genéticas, dermatitis y leucemia, y no tuvimos respuesta de parte de la autoridad del pueblo”, se quejaron.

Efectos en la salud

Los vecinos precisaron que la primera fumigación con ese plaguicida se realizó el pasado 4 de enero y que sus efectos se hicieron sentir de inmediato. “Se fumigo a las 9 de la mañana eran 4 de la tarde y no se aguantaba el olor del veneno, se murieron perritos y pollos, los árboles de las veredas estaban todos amarillos. Además, varios vecinos presentaron problemas respiratorios, a la vista, dermatológicos, y del aparato digestivo durante todo el día. Cuando fumigaron, Analía Galindez nos contó que estuvo todo ese día con vómitos, mareos y mucho dolor de cabeza, como así también toda su familia, en especial sus hijos”, graficaron.

También comentaron que a Alicia Castillo, otra vecina de la zona, la fumigación con glifosato “le causo irritación en la piel, dolor de estómago y náuseas. A Graciela Salomón le costaba respirar, le faltaba el aire, sentía ahogarse, recurrió al dispensario para ser atendida, se trato de comunicar con el delegado (Cardozo), pero no nos quiso atender”, denunciaron.

Los vecinos informaron que en su intento por “parar las fumigaciones desmedidas alrededor del pueblo, no se le permitió al arrendatario (del campo mencionado), Ariel Mena, fumigar detrás de la escuela el pasado 30 de enero”. Agregaron que “en un diálogo con esta persona y frente a la autoridad policial, Carlos Castells, (Mena) admitió estar fumigando con glifosato”, por lo que hicieron una presentación judicial que frenó la fumigación en el sector lindero con el establecimiento educativo.

No obstante, advirtieron que cuatro días más tarde el arrendatario del campo “esperando que no se encuentre el juez y en hora de la siesta”, ordenó fumigar nuevamente el sector. “Cuando los vimos estaban terminando de fumigar y salieron como si habrían robado algo, los seguimos y a un kilómetro nos dimos cuenta de que estaba el arrendatario Mena con su camioneta; se le pidió la cartilla del veneno con la autorización pertinente, pero apenas mostró una hoja que tenía preguntas sobre el glifosato dada por el INTA, según él, y no nos la quiso entregar diciendo que la iba a presentar el lunes ante el juez, lo cual no fue hecho”, relataron.

Los vecinos señalaron que la tercera fumigación en ese campo tuvo lugar el 14 de febrero último “a las 3 de la madrugada, para evitar que alguien interfiera”. “Ya estamos cansados por esta situación, porque la persona que vela por la integridad y salud de los vecinos, o sea el delegado comunal Cardozo, nunca da la cara. El dice que esto es política, pero nosotros respondemos que esto es conciencia ciudadana, defendiendo la salud nuestra y de todas nuestras familias”, sentenciaron.

Por último plantearon que se encuentran “con gran incertidumbre ya que comienzan las clases en las escuelas y estas se encuentran a sólo diez metros de las plantaciones de soja. Tampoco podemos mandar a nuestros hijos a la única escuelita de fútbol del pueblo, donde van chicos desde 5 a 12 años que practican su actividad, en los predios de dicha escuela”, completaron.

Qué es el glifosato

Introducido en el mercado a mediados de 1983 como una nueva sustancia, el glifosato es un herbicida de amplio espectro, no selectivo y que se utiliza para la matanza de hierbas. Este mismo está acompañado de la semilla transgénica de soja que es resistente al glifosato. La semilla de soja genéticamente modificada posee un gen que le permite resistir a dicho herbicida en el proceso de fumigación.

Si bien el glifosato no es más tóxico que otros agroquímicos, Santiago Sarandon, Titular de la Cátedra de Agroecología de la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de La Plata señala que “el problema no es la molécula del glifosato, sino el uso masivo y eso es lo que nosotros desde la agroecología señalamos: el uso indiscriminado de cosas artificiales, que aparentemente son inocuos en el ambiente”. Esto se da en el marco de las 16.000.000 de hectáreas, que hoy están cultivadas con la soja transgénica en nuestro país.

Con el auge de la soja las grandes empresas de semillas empezaron a introducir variaciones genéticas en las mismas para lograr un mayor rendimiento en la cosecha. Así la empresa multinacional Monsanto, una de las pioneras en interesarse en esto, lanzó al mercado hace ya más de dos décadas, su producto llamado Roundup, que contiene glifosato. Distintos informes denuncian que este producto, además de degradar el suelo, traería como consecuencia problemas de salud en la población.

Hay investigadores y científicos que afirman esto. El ejemplo mas revelador es el documental titulado “El mundo según Monsanto”, de la francesa Marie-Monique Robin, que se atreve a pronosticar que este herbicida no sólo es contaminante sino que además trae aparejado malformaciones genéticas y causa cáncer de distintos tipos.

Fuente: El Siglo Web
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