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Martes 25 de noviembre de 2014
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Opinión

· 29 de julio a las 09:59hs

Encontrar nuevos destinos desde nosotros mismos

Editorial del sábado 28 de julio de 2012 en el Programa Horizonte Sur

A principios de los años ochenta, mientras la dictadura se preparaba para entrar en la guerra de Malvinas, yo salí de la cárcel con libertad vigilada. En el transcurso de las fiestas de principios del año 82 logré salir del país y escapar por Iguazú hacia la libertad. Luego de haber estado muchos años encarcelado, y gracias a la documentación que me facilitara el entonces Embajador de Italia y al esfuerzo de algunos amigos del exilio, en pocas semanas pasé de las terribles durezas del encierro en la U9 de La Plata, a residir en España, en plena costa del Sol. Todavía recuerdo el momento en que, recién llegado y rodeado de memorias fantasmales, arrastré mis pies por la arena hacia el Mediterráneo. Cientos de escandinavas y alemanas esculturales y de largas cabelleras rubias y pieles tostadas como biscochuelo, jugaban al Voleibol o a las pelotas de playa en absoluto topless, por todas partes a mí alrededor. De haber sido musulmán me habría sentido sin lugar a dudas en el Paraíso, pero al no serlo ni estar muerto, me sentí igualmente feliz a la vez que convencido que aquello era la fantasía más loca y más imposible que podía sucederle a un encarcelado, al menos a alguien como yo que pocos días atrás estaba entre rejas y que ahora poco más podía hacer que pensar en dedicarles ese panorama desenfrenado a todos los hermanos que había dejado en la Cárcel de La Plata. Fue lo que hice. Una buena parte de mí seguía con ellos y seguiría con ellos por mucho, pero mucho tiempo.

En las semanas posteriores comprobé que no todas las presencias provenientes del turismo europeo podían provocar tanta felicidad. Por las mañanas temprano, algunos ómnibus especialmente fletados iban regando cientos de ancianos pensionados de la Europa del norte a lo largo de los balnearios de Málaga, de Torremolinos, Benalmádena, Fuengirola y Marbella. Los pobres viejos provistos de un yogur y de una botella de agua mineral, permanecían sentados en los bancos de la Costanera frente al mar, en silencio y con la mirada perdida, hasta que horas más tarde el mismo ómnibus los retiraba y los volvían a sus residencias. Cada día me conmovía ver a esos espectros gastados por el Capitalismo industrial. Patéticos en su temprana ancianidad, conmovedores por su extrema indefensión, casi autistas y seniles, eran sin lugar a dudas fruto de una vida gastada frente a las cadenas de montaje. Una generación nacida en los años diez o veinte del siglo pasado y sobre la que recayó el peso de la industrialización de Alemania y el esfuerzo de la posguerra. Se podía comprender la razón por la que muchos denominaban a la zona con socarronería como cementerio de elefantes.

Poco después, durante los tiempos del exilio, conocí asimismo las penurias de un grupo chileno que se asiló en la Embajada del Vaticano en Santiago de Chile cuando el golpe de Pinochet y que terminó siendo asilado en uno de los países socialistas de la Europa del Este. Cuando llegaron al aeropuerto del país de asilo, fueron recibidos como héroes, con alumnos embanderados y ramos de flores. Luego los llevaron a un gran hotel en que los homenajearon y donde les hicieron saber que serían radicados en una pequeña localidad del interior del país, en que se había instalado un complejo siderúrgico. Allá llegaron los compañeros chilenos, luego de un par de días de descanso, e inmediatamente fueron conducidos a una enorme empresa socializada donde los recibió la plana mayor de la empresa que, por supuesto, pertenecía al partido comunista. Me contaban ellos que en el despacho mismo del Director General, se les explicó minuciosamente las características complejas de los procesos fabriles que allí se realizaban, y frente a un enorme mapa se les describió, la importancia de esos laminados para construir el Socialismo y un mundo más justo en lucha contra el Capitalismo, y por lo tanto, el honor de todos ellos por haber sido seleccionados para trabajar en esa encomiable tarea. Mis amigos me confesaron luego, que se sentían confundidos ante esas consideraciones, ya que el trato que se les daba parecía anticipar que ocuparían puestos gerenciales para los cuáles de manera alguna se sentían capacitados. Sin embargo, y pese a las expectativas despertadas, la situación no fue exactamente esa, sino que, por lo contrario, los condujeron a una inmensa planta donde se les mostró unas enormes y pesadas láminas de acero que entre varios de ellos, debían trasladar desde el lugar en que se apilaban, hasta otro extremo del enorme galpón. Como por encima de los que trabajaban en aquel lugar, se deslizaban colgadas bajo rieles, pesadas piezas de metal, preguntaron si acaso se los iba a proveer de cascos. Les contestaron amablemente que no, ya que de caerse sobre ellos alguna de aquellas piezas, el casco de poco les serviría… Y hasta allí parece que llegó la diplomacia, se acabaron los homenajes y comenzó la hora de trabajar duro. Lo peor fue que dos años después continuaban haciendo exactamente las mismas tareas de cargar aquellas pesadas planchas de un sitio a otro del inmenso galpón y sin ningún atisbo de que los burócratas volvieran a acordarse de ellos. Abrumados por el socialismo real, desesperanzados de toda solidaridad y desesperados por modificar la situación en que se encontraban y que amenaza ser para siempre, mis amigos ocuparon un día la embajada Sueca reclamando nuevo asilo, se declararon en huelga de hambre y al fin, gracias a la generosidad de Olof Palme, el primer ministro sueco, consiguieron escapar del cielo del socialismo y volver al infierno del capitalismo.

Algunos años antes, en los años sesenta, recorriendo la China de Mao, recuerdo asimismo cuánto nos impresionaron la organización industrial y las fábricas que recorrimos. En algunas de las megaempresas en que dialogamos con el Director General se nos confesó que un mes por año los directivos bajaban a trabajar a sus puestos de origen, ya fueran tornos u oficinas administrativas, para no olvidar de dónde provenían y a la vez, mantener conciencia de clase en relación a los trabajadores. En los horarios de descanso pudimos presenciar las prácticas militares con fusil y bayoneta calada, moviéndose al unísono centenares de obreros como en un inmenso ballet, en que al embestir con una estocada a fondo a un enemigo imaginario cientos de gargantas gritaban muerte, por supuesto, en chino. Impresionante. Pero también impresionante, esa organización para las prácticas industriales del Capitalismo de Estado por parte de obreros que no sabían de vacaciones, ni aguinaldos, ni siquiera días festivos que no fuesen los propios de la liturgia de la propia revolución china o de algún incentivo en mérito a la mayor producción… Cuando visitamos diversas casas de obreros, nos llamó la atención, la total ausencia de fotografías o recuerdos personales con los que habitualmente revestimos nosotros nuestras viviendas. Aquellos minúsculos departamentos parecían pensados tan solo para reponer fuerzas en función del trabajo de la fábrica. Estoy refiriendo a situaciones que conocí hace poco más de cuarenta y cinco años, aún antes de la llamada Revolución Cultural, de manera que estas observaciones tienen tan sólo el valor histórico de haber visto un proceso en sus orígenes.

Los sucesos ocurridos en los últimos años, especialmente en América Latina y a partir de los gobiernos locales y de sus tránsitos hacia el progresismo y la idea rectora de crecimiento, son para mí prueba suficiente que, cuando los revolucionarios de los años setenta se planteaban construir el socialismo, referían, en realidad, de manera estricta a desarrollos industriales dentro de la llamada Modernidad, considerando como tal los procesos lineales que desde el más estricto eurocentrismo, imaginan la historia del mundo a partir de las tecnologías y de los procesos de la producción industrial, de la creciente urbanización de sus poblaciones y en especial de la necesidad de llevar a sus límites la dominación de la Naturaleza. Desde estas perspectivas, tal vez deberíamos plantearnos modificar la miradas con que durante años juzgamos a estos antiguos militantes de la izquierda y bajo las cuales solían aparecer como traidores a sus ideales de jóvenes. A medida que han transcurrido los años y que los procesos progresistas se multiplicaron en nuestro continente, confundiendo la biodiversidad con el género y la justicia social con el asistencialismo, he reflexionado en que es probable que estemos asistiendo a un dramático y terrible final de época: una crisis civilizatoria en que no solamente los sistemas industriales y sus fuentes energéticas basadas en los combustibles fósiles se encuentren en riesgo, sino que también asistimos al agotamiento de aquellas ideologías, de epistemes y cosmovisiones que provenientes de finales del siglo diecinueve hoy exhiben su penosa y concluyente complicidad con lo que denominamos el Capitalismo Global.

Nunca mejor que ahora y como remate esperanzador a estas reflexiones, quisiera concluir con un recuerdo emocionado a Evita, cuando justamente se ha cumplido esta semana, un nuevo aniversario de su muerte. Fue sin lugar a dudas la inspiración de otra revolución y de una Justicia Social basada en el amor y distante de estos presupuestos que ahora se enmarañan en nosotros como producto de las nuevas colonialidades que inspira el progresismo reinante. Yo, como tantos amigos y compañeros, puedo recordar que en aquellos días de julio vi a mi padre llorar como hombre aquella pérdida, y experimenté que, tanto mi casa como el barrio se sumergieran en la tristeza y en el luto. Deseo que los mandatos que Ella nos dejara nos inspiren para escapar de los actuales atolladeros, que nos permitan salir de las confusiones alimentadas por los seguidores de una modernidad tardía y que nos alienten a encontrar nuevos destinos pero siempre desde nosotros mismos.

Jorge E. Rulli

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1 comentario

  1. juan de dios romero

    Disculpen, me permito reproducir un articulo reciente vinculado a china, creo que complementa al editorial. Gracias.
    …………………………………………………….
    Cómo la China dominará al mundo?

    Algunos conocidos volvieron de la China impresionados. Un producto del que Brasil fabrica un millón de unidades, China, en una sola fábrica, produce 40 millones.
    La calidad es equivalente y la velocidad de distribución impresionante. Los chinos colocan cualquier producto en el mercado en cuestión de semanas, a precios que son una fracción de los de los brasileños.
    Una de las fábricas se está trasladando al interior porque los salarios de la región en que se halla instalada son demasiado altos: 100 dólares. Un obrero brasileño gana 300 dólares mínimo que sumados a los impuestos y otros beneficios equivalen a 600 dólares. Cuando los comparamos, con los 100 dólares que reciben los chinos sin prácticamente ningún otro beneficio…nos hallamos frente a una esclavitud amarilla, y alimentándola…
    ¿Horas extraordinarias? En la China…Olvídelas!!! La gente allí está tan agradecida de tener un empleo que trabaja horas extras a cambio de nada…
    Detrás de esta “situación” está la gran trampa china. No se trata de una estrategia comercial, sino de una estrategia de “poder” para conquistar el mercado occidental. Los chinos están sacando provecho de la actitud de los “comerciantes” occidentales, que prefieren tercerizar la producción quedándose tan sólo con lo que le agrega valor: la marca.
    Difícilmente podrá usted comprar en las grandes redes comerciales de los EE.UU. algún producto “made in USA”. Es todo “made in China”, con una marca estadounidense. Las empresas ganan riadas de dinero comprándoles a los chinos por centavos y vendiendo luego por centenares de dólares. Sólo les interesa el lucro inmediato a cualquier precio. Aún al costo de cerrar sus fábricas y generar una brutal desocupación. Es lo que podría llamarse “estrategia del precio”.
    Mientras los occidentales tercerizan sus emprendimientos y ganan en el corto plazo, China aprovecha ese enfoque e instala unidades productivas de alta performance para dominar en el largo plazo.
    Mientras las grandes potencias mercantiles se quedan con sus marcas, con el diseño..sus garras, los chinos se quedan con la producción, asistiéndolos, estimulándolos y contribuyendo al desmantelamiento de los escasos parques industriales occidentales.
    Muy pronto ya no habrá más fábricas de zapatillas deportivas o de calzados en el mundo occidental. Sólo existirán en China. De modo que en el futuro próximo veremos cómo los producto chinos aumentan sus precios produciendo un “shock manufacturero” como sucedió con el shock petrolero en los años 70. Y entonces será ya demasiado tarde.
    Entonces el mundo se dará cuenta de que levantar nuevas fábricas tendrá costos prohibitivos y deberá rendirse al poderío chino. Se dará cuenta de que alimentó a un enorme dragón y se convirtió en su rehén. Un dragón que aumentará gradualmente sus precios, puesto que será quien dicte las nuevas leyes del mercado y será luego quien mande, pues tendrá el monopolio de la producción.
    Ya que será también el dueño de las fábricas, de los stocks y de los empleos y quien regulará los precios.
    Nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos asistiremos a una inversión de las reglas de juego actuales, lo que producirá en las economías occidentales el impacto de una bomba atómica…china. En ese momento, cuando el mundo occidental se dé cuenta, será demasiado tarde.
    Ese día, los ejecutivos occidentales mirarán tristemente las ruinas de sus antiguas fábricas, a sus técnicos jubilados jugando a las cartas en las plazas y llorarán sobre la chatarra de sus parques fabriles destruidos.
    Y se acordarán entonces, con mucha nostalgia, del tiempo en que ganaban dinero comprando “fardos de mercaderías de los esclavos” y vendiendo caras sus “marcas registradas” a sus coterráneos.
    Y entonces, entristecidos, abrirán sus despensas y almorzarán sus marcas que ya estarán pasadas de moda y que por tanto, habrán dejado de ser poderosas, porque todas habrán sido copiadas…
    REFLEXIONEN Y COMIENCEN YA A COMPRAR PRODUCTOS DE FABRICACIÓN NACIONAL, FOMENTANDO EL EMPLEO EN SU PAÍS, POR LA SUPERVIVENCIA DE SU AMIGO, DE SU VECINO Y HASTA DE USTED MISMO… Y LA DE SUS DESCENDIENTES.
    Piensen además… Y ¿su poderío bélico-militar?
    Quedaremos rehenes y a su merced, es decir, estamos hoy alimentando a la cobra que nos morderá en el futuro!

    *Director de marketing de Dana y profesional de la comunicación.
    Traducido por Susana Merino para Rebelión

    6 agosto, 2012 a las 9:39 am · Responder

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