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Jueves 24 de abril de 2014
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· 11 de febrero a las 13:02hs

Educación para la Libertad

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Coordinación General Jorge Pellegrini, Compilación Hugo Caffera, Coordinación de contenido Melina Manzur, Edición Darío Calderón, Acopio de imágenes Alejandra Pellegrini, Coordinación de Diseño Rocío Juárez.

Eduacion para la LibertadHacia 1990, viviendo en la provincia de Chubut, residí en Rawson, en la ciudad capital. Era jefe del programa de Salud Mental, siendo parte con el Dr. Carlos Sáenz (ministro de Salud) y el señor Carlos Palmas (administrador) de un equipo inolvidable que aplicaba las enseñanzas—también inolvidables— de Don Ramón Carrillo.

Recorrí mucho aquella ciudad en la que enormes paredones sirvieron al jovenEsteban Ferreyrapara pintar grandes murales, donde se reflejaba la vida de los obreros portuarios o pesqueros, el pasado de los pueblos originarios, la actividad y las esperanzas de los chubutenses. Unos treinta murales de vivos colores acompañaban mi trayecto cada día cuando caminaba hacia el hospital Santa Teresita. Uno de ellos me llamaba desde los paredones: “La manifestación”: jóvenes con bombos, murgas, serpentinas, festejaban la vida en la calle. Tenía una consigna: “Todos los chicos son los chicos de todos”.

Esteban puso fin a su vida a los veintisiete años, luego de pasar noches enteras, rodeado de tachos con pinturas y pinceles. Ahora pienso en lo vivo de los colores que utilizaba. Su frase quedó para siempre en mí, porque seguramente hizo fuerte ligazón con los recuerdos y enseñanzas de veinte años antes en la escuela de Integración Escolar “Platerito”. LaSra. Haydeé Astigueta, directora de aquella fragua plena en ideas, hubiera estado junto a Ferreyra pintando cada rincón argentino.

Con el tiempo, pude conducir el proceso de integración social de los enfermos mentales en aquel Chubut y en este maravilloso San Luis.

Mucho más atrás, la imagen de mi viejo conduciéndome, sereno, hacia el conocimiento de la tribuCurru Huincaen Quila Quina (Neuquén), integra este juego de espejos donde me apoyo todavía hoy, cuando los años desnivelan la balanza.

En 1992, la creación de un Grupo Institucional de Alcoholismo (GIA), en el entonces Hospital Psiquiátrico de San Luis, abrió la senda para transformar aquella institución injusta, inhumana, enfermante y encerradora. Dimos cuenta —por primera vez en la Argentina— de un manicomio. Lo hicimos hospital hospitalario, terapéutico, humano, respetuoso de la condición libre de quienes se asisten y de quienes trabajan en él. Los GIA nacidos en 1984 en Río Negro, habían dado una salida digna a un padecimiento de millones.

No hubiera podido dirigir la experiencia puntana —próxima a cumplir dos décadas— sin todos esos maestros de mi vida.

De este regazo nació en 2005 el Instituto de Estudios Sociales y Psicosociales de la Universidad de La Punta (IESP-ULP), que dio al hospital transformado el carácter de institución universitaria; Hospital Escuela de Salud Mental (nacido en el 2001), hoy reconocido nacional e internacionalmente.

La docencia, la investigación, se nos aparecen como brazos de las ciencias aplicadas. Investigamos, enseñamos, aprendemos, publicamos, a partir de una praxis que se hornea cotidianamente en el oficio de servir sanitariamente a nuestro pueblo.

El maestro Elías Neuman nos enseñó durante diez años la Victimología y la disciplina criminológica. La profesora Myrtha Chokler hace años habita nuestro espacio actualizando las nociones avanzadas del desarrollo infantil temprano. El profesor Juan Carlos Stagnaronos estimula con su aporte académico en la salud mental. La doctora Diana Kordon, año a año, abre debate en torno al sensible tema de los derechos humanos, la salud pública y la lucha cotidiana. María Fux nos recuerda los lenguajes del cuerpo. Y así tantos otros.

A partir del Proceso de Transformación Institucional en Salud Mental, la provincia de San Luis, encaró el impostergable trabajo de modificar las condiciones de vida de los niños institucionalizados. Y somos —aquí también— pioneros nacionales: hoy este suelo carece de depósitos de criaturas pobres abandonadas, tal como antes lo había logrado con los pacientes psiquiátricos.

No hay nada mejor para mantener la vertical, que seguir avanzando. Esos chicos —los chicos de todos— condiscapacidades, deben integrarse e incluirse en las instituciones educativas con sus pares. Sin marginaciones, sin aulas paralelas, que, como tales, ni siquiera en el infinito se juntan.

Cuando el IESP-ULP decide organizar la venida del Dr. Hugo Caffera, esto implicó una miradaza con horizonte: integrar a los niños que la institución escolar rechaza por sus minusvalideces (así les llaman). Esto significa continuar una línea de pensamiento ya aplicada en el campo sanitario y de la niñez, trabajando lo específico y las originalidades. El Ministerio de Educación abrió esa posibilidad. Todo parecía muy lejano y, a la vez, cerca de la mano. Recuerdo siempre aquella masiva primera convocatoria en Villa de Merlo, contemporánea a un conflicto docente. Abrí ese curso como coordinador del IESP-ULP. Institucionalmente me desempeñaba como vicegobernador. La escena temida de los organizadores del curso (yo entre ellos) era que el conflicto obturara la posibilidad formativa. Pero sin conflicto no hay vida, y las experiencias de transformación institucional referidas habían transcurrido entre grandes contradicciones. Así también sucedió en aquel primer encuentro del 2008. Fuimos los propios participantes —más allá de nuestro rol ocasional— los que encontramos el camino que respetara las diferentes opiniones, preservando la posibilidad de amasar nuevos conocimientos. Fue el modo como se abrió la senda que hoy muestra este primer fruto colectivo: “Educación para la Libertad”.

Reunir diecisiete autores de tres provincias distintas (más una Ciudad Autónoma) no resultó tarea fácil. Ellos deben saber que muchos jóvenes de la ULP, desde prensa, diagramación, diseño, edición, se entusiasmaron con la idea y con el libro. También son parte porque le pusieron el alma y la convicción.

A Usted, señor Rector, ingeniero Roger Alejandro Munizaga, le va nuestro reconocimiento por la confianza depositada y la ejecutividad con la que resolvió esta publicación.

A los compañeros del IESP haber adoptado esta criatura seguramente los ha hecho crecer. Y a mí, rejuvenecer un poco. Lo que ya es bastante.

Dr. Jorge Luis Pellegrini

Director – Instituto de Estudios Sociales y Psicosociales Universidad de La Punta (IESP-ULP)

 

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