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Miércoles 26 de noviembre de 2014
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· 4 de marzo a las 14:37hs

Ciencia de los agronegocios (acerca del artículo: Hongos, el desafio de la siembra directa)

El compañero Pedro Goenaga, de Pergamino,  nos envió la noticia que apareció hoy  en La Nación, y que pegamos abajo, donde un fitopatólogo del INTA, “descubre” amenazas a la siembra directa provocadas por hongos de la tierra.

Sin embargo, un investigador japonés que trabajó durante años en convenio INTA – JICA, EN EL MISMO instituto que el mencionado especialista, había advertido de esta “amenaza” hace 10 años. Tuve la posibilidad que me informara personalmente de sus experiencias y estudios , no solo en Argentina, sino también en China, donde amplias zonas sojeras, tuvieron que ser abandonadas por las enfermedades de la tierra.

En un trabajo que escribí hace 7 años, en la página 20 , expreso: “ El Dr. Kobayashi, experto en microbiología del suelo del Japan Internacional Cooperation Agency (JICA), que trabaja en INTA, en el Centro Nacional de  Castelar nos comunicó personalmente que “Este sistema de cultivo es muy efectivo a la hora de evitar la erosión del suelo, pero no es un buen método cuando se trata de la protección de las plantas” . El experto nos aclara que este sistema “ … provoca el resurgimiento de las enfermedades, ya que deja las raíces y los tallos infectados con hongos patógenos dentro del suelo hasta el año siguiente”.

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Resulta muy llamativo que las recomendaciones de este especialista que hace muchos años trabaja en el país en temas de microbiología del suelo, hayan sido ignoradas hasta por las propias instituciones a las que él pertenece. En reiteradas exposiciones el Dr Kobayashi ha manifestado que “ Si se persiste con este sistema de cultivo, no sólo se encontrará con la constante amenaza de las enfermedades del suelo, sino que también existirá la posibilidad de enfrentar el deterioro de las tierras y la destrucción del medio ambiente”.(Copiado abajo completo)

El experto japonés abandonó el país y su experiencia fue ocultada e ignorada, ya que lo expresó en conferencias y escritos, pero los agronegocios tienen su ciencia, que se ocupa de ocultar y desprestigiar a quienes no están de acuerdo con la monocultura del monocultivo.

Hongos, el desafio de la siembra directa

Marcelo Carmona / Fitopatólogo

Después de muchos años de recorrer campos bajo siembra directa (SD) me surgió un pensamiento que hace referencia a los nuevos desafíos y amenazas que el sistema deberá enfrentar en los próximos años.

Llegué a la conclusión que la primera etapa de desafíos de la SD, que consistía en pensar en las semillas como fuente de inóculo y en los patógenos necrotróficos que son capaces de sobrevivir en los rastrojos, ya estaba prácticamente resuelto. Pero ahora comenzaba un nuevo período de desafíos, más allá de los rastrojos y semillas: los microorganismos habitantes del suelo. Esos son la nueva amenaza creciente

En este contexto, en la reunión anual del proyecto multidisciplinario Biospas (www.biospas.org) destacamos que los nuevos desafíos y amenazas de la SD están y estarán relacionados con estos importantes patógenos de raíz y tallo de trigo, soja, maíz y cebada. No es que estos patógenos no estaban ya presentes, sucede que están literalmente conquistando todos los tipos de suelos, provengan de rotación o de monocultivo y son las enfermedades de más difícil control.

Son muchas las causas por las que el manejo de estas enfermedades no se ha desarrollado con éxito: 1) La falta de información sobre su biología y epidemiología; 2) el amplio rango de hospedantes en común; 3) la dificultad de obtener resistencia genética; 4) la posibilidad de muchos de ellos de formar estructuras de resistencia; 5) la falta de recursos económicos para dedicarse de pleno a su investigación; 6) la imposibilidad bioquímica de los fungicidas clásicos para moverse hacia las raíces, y 7) el poco éxito de la rotación. Sólo para nombrar algunos ejemplos de hongos: Macrophomina phaseolina ; Rhizoctonia spp ; diversas especies de Fusarium , y los integrantes del complejo de la muerte súbita ( Fusarium virguliforme y F. tucumaniae ), representan una amenaza para el futuro de la SD.

Suplemento Campo de La Nación, 3 de marzo de 2012
http://www.lanacion.com.ar/1453087-hongos-el-desafio-de-la-siembra-directa

A continuación, un trabajo del año 2005:

Cambios productivos y sus repercusiones en el nivel agronómico

Ing Agr. MSc Adolfo Boy

Profesor Titular Extraordinario de Horticultura. Facultad de Agronomía y Ciencias Agroalimentarias. Universidad de Morón. Buenos Aires. Argentina . Ex Técnico de INTA (1964 – 2000). Ex Director del EEA INTA San Pedro.

En EL CAMPO EN LA ENCRUCIJADA Ed.Alianza 2005

Partiendo de la revolución verde y continuando con la “moderna biotecnología” la producción agropecuaria argentina ha venido siguiendo la idea de las “comoditis”, bajando los costos al máximo, ganado escala y aumentando los rendimientos a base de insumos externos fundamentalmente derivados de combustibles fósiles.

Esta propuesta, derivada de la globalización de los mercados, ha impactado en el ámbito rural de manera que en la actualidad no se encuentran en el territorio productivo, “agricultores” conocedores del “arte” y “ciencia” de la agricultura, sino que, su lugar a sido ocupado por los grandes empresarios de la producción de comoditis, cuyos conocimientos agronómicos no parten de la naturaleza, sino por el contrario la subordinan a los dictados del mercado.

Los profesionales de la agronomía son formados en los claustros donde el paradigma de las comoditis es dominante y los organismos de I & D deben mantenerse en el mismo esquema “agroexportador” para poder subsistir en un estado permanente de recursos escasos.

Este escenario se completa con una creciente urbanización de desempleados con alarmante niveles de pobreza pero sin valores culturales que los impulsen y/o habiliten para   un posible retorno a la producción agropecuaria.

Introducción:

Una queja permanente dentro del sector agropecuario es la falta de planificación oficial específica, para la actividad que ha sido y sigue siendo la principal fuente de ingresos para el país y la base del desarrollo nacional.

Dicha planificación suponía políticas que corrigieran la incapacidad del mercado nacional “demasiado chico” para absorber los permanentes excesos de producción agropecuaria, interrumpidos brevemente por algunas adversidades climáticas como la recordada época del “pan negro” en la década del 50.

Las expresiones, sin embargo, encierran intencionalidad distinta según quien las origina. Es así que en muchos casos quienes mas espacio tienen en los medios periodísticos y en los centros de poder, al tiempo que muestran su disconformidad con la ausencia de políticas de estado, reciben los beneficios de dicho “vacío”, el que saben ocupar con habilidad digna de mejor causa.

Por el contrario, los reclamos de agricultores pequeños y de subsistencia, son ignorados, al punto que su desaparición solo es dato ex pos de los censos agropecuarios.

Los organismos de investigación y desarrollo, como así también las universidades, son parte de este dilema y terminan dando prioridad a su subsistencia presupuestaria, la cual, evidentemente, no será asegurada por los pequeños agricultores o los movimientos campesinos que luchan por la tenencia de su tierra.

En mi experiencia de agrónomo, dedicado a la horticultura – actividad típicamente intensiva, en extensiones reducidas – encuentro en esta especialidad, características representativas de los cambios productivos y efectos en lo agronómico, que se vienen sucediendo desde 1964, fecha de mi ingreso al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria. Esta actividad, es, por otra parte, ejemplo permanente de producción de excedentes, hecho que en momentos de desnutrición y hambre, muchos parecen olvidar.

La semilla, el insumo básico

Un parámetro de las tendencias tecnológicas por las que atravesó, no solo la horticultura, sino toda la agricultura nacional es la semilla.

Al comienzo de mi trabajo, se debatía institucionalmente la necesidad de difundir los materiales mejorados por técnicos oficiales, tanto de las entonces numerosas Estaciones Experimentales provinciales (Obispo Colombres en Tucumán; Gorina en Buenos Aires; Angel Gallardo en Santa Fe), las nacionales (La Consulta en Mendoza; La Banda en Santiago del Estero; Balcarce en Buenos Aires) y facultades de agronomía , que habían desarrollado una ingente labor en jardines de introducción tanto del exterior como de otras regiones, privilegiando siempre la adaptación local y el mercado interno.

La introducción de semillas para los ensayos comparativos (ECR) aun desde el exterior era un trámite sencillo, sin mayores requisitos, mas allá del compromiso de producir un informe sobre el comportamiento.

Las empresas de semillas comerciales y organismos oficiales – nacionales y extranjeros – nos enviaban muestras de especies y variedades que en muchos casos eran obtenciones, aun sin difusión en su país de origen. Existía el compromiso de no multiplicar sin autorización los materiales que resultaran adecuados para el cultivo local, pero esta obligación nunca fue impedimento para que a partir de dichas introducciones se hicieran selecciones y a partir de ellas multiplicaciones que muchas veces mantenían la denominación original, con el agregado de “selección “ y el lugar donde se la había elegido.

Sin lugar a dudas el mejoramiento genético era la actividad de investigación más dinámica; en el sector hortícola estaba basada en la selección a condiciones locales de producción y su aceptación por el mercado interno.

En el cinturón hortícola de la ciudad de Buenos Aires, el Instituto de Fitotecnia del entonces Ministerio de Agricultura y Ganadería, había realizado una fecunda tarea de mejoramiento y manejo con especies y variedades para todo el país, las que fueron conocidas por décadas por las siglas MAGNIF (Ministerio de Agricultura y Ganadería de la Nación Instituto de Fitotecnia) luego del nombre de fantasía del cultivar, es el caso del zapallito Cachi Magnif.

Por entonces los técnicos oficiales, manteníamos un debate muy fuerte con los importadores de semillas que, insistían en la mejor calidad de la semilla importada y en muchos casos su precio mas bajo a nivel del distribuidor.

La presentación de la semilla importada, en latas de 1 libra, realmente hacía una diferencia muy grande en la posibilidad de almacenamiento y distribución de las mismas, sin embargo su adaptación a condiciones locales era baja, la pureza varietal dejaba que desear y su precio era elevado para el quintero.

Las semillas nacionales, provenientes de los centros de mejoramiento, eran distribuidas mediante programas de fomento que en muchos casos contemplaban la transferencia gratuita para ensayos a nivel de finca.

El objetivo era promocionar la adopción de cultivares mejorados, en su mayoría de polinización abierta que dejaba abierta la posibilidad de la multiplicación por parte del agricultor que lo consideraba conveniente para su campo.

De todos modos, persistía la tradición de los agricultores de hacer sus propias selecciones, que frecuentemente llevaban su apellido y que según su experiencia tenían mejores rendimientos y/o características que las “mejoradas” por los técnicos.

En 1972 a mi llegada a la zona de influencia de la Estación Experimental del INTA de San Pedro, encontré batatas (Ipomoea batatas) con denominaciones tales como “ Precoz de Marelli ”; “Zanahoria de Cribelli”, su breve pero preciso pedigree nos permitía planificar las plantaciones según destinos. Es importante aclarar que desde siempre los brotes o plantines de batata se intercambian entre productores sin “boletas ni facturas•” y en la mayoría de los casos a título gratuito.

En el caso de otra producción intensiva como es la de frutales, el “Limón Marelli” durazno que existe todavía (que demuestra lo numeroso  de la familia Marelli y su capacidad en la selección agrícola) o el “Paccelli” otra familia que en San Nicolás seleccionó este durazno como uno de los mas precoces de la región.

Estos pocos ejemplos son indicativos de una vida agrícola de mucho contacto entre el cultivo y el “verdadero agricultor” ; “el ojo del amo” , que hacía de la rutina de recorrer el campo a diario y varias veces por día, tomando el tiempo para detenerse planta por planta, y así hacer SU selección y correspondiente multiplicación.

Los Híbridos

Si hay un símbolo de la “revolución verde” son los híbridos, y como sucede hoy con la “fiebre” de la ingeniería genética, donde todo será solucionado por la inserción del “evento” milagroso. En ese entonces la búsqueda del híbrido era la meta de todo fitotecnista.

El trigo presenta dificultades para obtener híbridos. Al mismo tiempo nuestros trigos de excelente calidad, desarrollados y seleccionados dentro de una sistema de rotaciones agrícolas – ganaderas, de fertilidad natural, no admitían la fertilización y se “volcaban”. Buscando mayor rendimiento y dejando la calidad de lado, a mediados de la década del 60 , los cruzamientos con “sangre” mejicana, que el CIMYT impulsaba de la mano de Norman Borlaug, con apoyo de la Fundación Rockefeller – en la actualidad es invitado frecuente de AAPRESID, la Asociación Argentina de productores en Siembra Directa – logran cultivares que aceptan fertilización sin vuelco y se aumentan los rindes, a expensas de la calidad.

El maíz nacional se hizo famoso en el mercado mundial por el tipo flint de maíz,  cuya dureza y color lo hacían muy buscado al momento de utilizarlo para alimentación avícola, donde otorgaba a la carne y los huevos el color intenso del contenido en beta-caroteno.

Sin embargo, como lo ocurrido en el trigo, a la calidad  se impuso el paradigma del rendimiento – característica también de la revolución, que ya predicaba estar en el camino de terminar con el hambre del mundo – y los híbridos dentados que el CIMYT (Centro Internacional de Maíz y Trigo) imponía en sus proyectos de mejoramiento fueron mas poderosos.

No solamente la calidad “flint” se perdió con los híbridos, sino que también los maices híbridos, con menos rusticidad, trajeron como consecuencia la difusión del mal de Río IV, problema sanitario que era tolerado por los cultivares tradicionales como Colorado la holandesa, y hoy es una de las restricciones mas graves del cultivo  (March 1995).

 

La explosión de los híbridos, también abarcó a los cultivos hortícolas, en algunos casos como en cebollas los precios de los F1 era tan elevado que no lograron difundirse ya que sus ventajas no justificaban la mayor inversión.

El tomate sin embargo, tiene una historia distinta. Los primeros híbridos traídos al país en 1960 / 1970 se destinaron exclusivamente para cultivo a  campo (aire libre) y fueron un rotundo fracaso debido a su falta de tolerancia al virus de la peste negra, ante el cual se comportaba bien el tradicional cultivar Platense, que tenía a nivel nacional selecciones locales desde del Valle Medio del Río Negro hasta Formosa. Estas selecciones tenían además mejor comportamiento al transporte, ya que los híbridos por su fruto de forma globosa y sin fibras internas, sufrían el manejo tradicional al que era sometido el tomate en poscosecha.

Los trabajos nacionales de mejoramiento en tomate también se concentraron en la producción de híbridos buscando mejores características de fruto para mercado de algunos cultivares extranjeros, incorporando resistencia  a las virosis y mejor comportamiento al transporte que tenía el Platense.

La ley 20.247

La pujante actividad de los fitotecnistas oficiales y en menor escala privados, impulsó el reclamo por una mayor protección de la obtención de nuevas variedades e híbridos.

Muchos de los que a comienzos del 70 estabamos en el mejoramiento vegetal, pusimos gran entusiasmo en la elaboración de la Ley de Semillas que, según creíamos en aquellos días, daría impulso definitivo a los equipos de mejoramiento genético para establecer una fuerte industria semillera nacional .

Surge así en el año 1973 la ley 20.247 que establece los lineamientos de los derechos de creaciones citogenéticas, se introducen normas de producción, certificación, identificación, rotulado y comercialización de todo tipo de semillas.

La ley establece la Inscripción en el Registro Nacional de Cultivares y en el Registro Nacional de la Propiedad de Cultivares.

Numerosas obtenciones de organismos oficiales fueron inscriptas solamente en el Registro de Cultivares, dejando así para uso público dichos cultivares.

Posteriormente, al adherir Argentina a las normas UPOV´ 78 (Unión Internacional de propiedad de Obtenciones Vegetales), por la ley 24.376, somete a autorización previa del obtentor “la producción con fines comerciales, la puesta en venta, la comercialización del material de reproducción o de multiplicación vegetativa, en su calidad de tal, de la variedad”.

Se establece entonces que el obtentor debe autorizar la multiplicación con fines comerciales o la comercialización de semillas, o impedirla, con el consiguiente pago de derechos, remuneraciones o regalías que fueran convenidas.

Quedaba sin embargo abierta la posibilidad de la resiembra por parte del agricultor de la semilla que él hubiera obtenido en su cosecha, sin imponerle pago de regalía alguna.

 

Las garantías otorgadas por ley, eran insuficientes, no solo en Argentina sino en el mundo entero. Las denuncias se repetían pero los test para probatorios eran muy lentos y generalmente se reducían a utilizar descriptores morfológicos.

Esta realidad impulsó a las empresas de semillas a incrementar su dedicación    a los híbridos, en busca de “protección biológica” ya que a partir de la F2 se supone que la segregación hace inútil la reutilización de semilla “hija de híbrido”

Para comienzos de 1980 se empieza a difundir en el país la producción en  invernáculos de estructura de madera y cobertura de polietileno. Gran influencia en este fenómeno tuvieron la crisis de los floricultores, que ensayan cambiar el destino de sus invernáculos de vidrio a la producción de hortalizas y, los tabacaleros de Corrientes sufriendo también la crisis del sector , reconvierten los “tendaleros” en estructuras de producción para tomate, pimiento y berenjena.

El primer cultivar que se coloca en ambos tipos de coberturas es el Platense, que presenta un ciclo demasiado largo para ser cultivado con objetivo de primicia.

Es entonces que ingresa al país un tomate F1, que marca una etapa en el desarrollo de la producción bajo protección, se trata del F1 Carmelo, de origen holandés, que supera a Platense en presentación para mercado y precocidad, si bien tenía poca resistencia al transporte, se difunde debido a que los invernáculos comienzan a reducir las distancias al mercado, instalándose en los cinturones hortícolas que rodean a las ciudades.

El precio de la semilla era, y sigue siendo, en el caso de los híbridos, un factor que restringe su utilización.

Sin embargo la inquietud de los horticultores y su tradicional costumbre de guardar semilla, les permitió descubrir, que la F2 (hija del híbrido) no presentaba una segregación tal, que impidiera utilizarla para la producción comercial.

De hecho , era frecuente encontrar cultivos de tomate en invernáculo donde el horticultor nos informaba que la semilla utilizada era de “Carmelito”, como referencia al hijo de híbrido.

Las comóditis (commodities)

Ya desde el comienzo de la revolución verde y con los métodos de mejoramiento ya descritos para trigo y maíz, se iban perfilando en el país las tendencias dos tendencias con referencia a los  productos agropecuarios.

Por un lado productores que persistían con sus cultivares tradicionales que vendían a mercados especiales a precio diferencial, caso del trigo Plata o maíz flint.

En tanto por el otro, quienes, acicateados por los organismos de I & D , apostaban a la producción en escala de los híbridos o cultivares de mayor rendimiento, con especial énfasis en la reducción de los costos de producción, para que la ecuación fuera positiva al recibir menor valor unitario por su producto: una comóditi.

Los trigos franceses son un ejemplo de la producción de comoditis y como este paradigma moviliza al productor agropecuario, se trata de una semilla que para su adquisición se debe firmar un compromiso de Regalía Extendida, que asegura que quien  adquiere la semilla, no guardará ni compartirá con su vecino semilla ; y que, además, si decide guardar, debe pagar una tasa a la empresa Nidera, por bolsa de “su” cosecha reservada para el próximo año, como semilla.

 

Sin embargo estos trigos nada tienen que ver con los trigos nacionales de antaño

reconocidos mundialmente por su calidad correctora, es por esa causa que mas alla de sus rendimientos, superiores a los 70 qq/ha, , en octubre de 2004, mas de la mitad de los productores de los trigos “Baguette” no han podido vender su cosecha, por la mala calidad del gluten.

La década del 90, con su apertura despiadada a la globalización, inclina definitivamente la balanza hacia las comoditis, ya que los agricultores que hasta entonces colocaban sus productos “tradicionales” en el mercado local a un precio diferencial, sufrieron la feroz competencia de mercadería importada, que muchas veces no reunía las condiciones de calidad que se le exigían a la mercadería nacional, pero el precio – no pocas veces subvencionado en origen – desplazaba al producto local.

La apertura y desregulación impuestas por el ingreso a la OMC, comenzaron a producir despidos en la actividad industrial – la actividad textil que ya venía sufriendo la competencia extranjera, prácticamente desaparece – la desocupación comienza a afectar el consumo y el remanente que retiene su empleo, se dirige a la adquisición de productos de “segunda” y los precios  deciden las compras.

Como lógica consecuencia, la desocupación comienza a experimentarse en el sector rural. Volviendo al ejemplo de la industria textil, la lana y el algodón, sufren como actividades productivas, un golpe del que recién luego de la caída del gobierno de De la Rua, comienzan a recuperarse.

La proliferación de productos agropecuarios de producción “industrial” de bajo costo y calidad estándar, llega también a otras actividades del sector.

En horticultura, donde junto a la aparición de los invernáculos, los híbridos de tomate y en particular los denominados larga vida, en realidad son de mala calidad culinaria, pero se adaptan a la producción y comercialización global a escala. En fruticultura podemos mencionar los duraznos amarillos, que carecen del sabor y el jugo de los blancos.

En ambos casos se perdió calidad al dar privilegio al rendimiento y la fácil comercialización en las góndolas de los supermercados, donde se mantienen por más tiempo.

El mundo de las comoditis, no es para los pequeños y medianos productores, y un funcionario de la SAGPyA al comienzo de la década anunciaba la desaparición de 200.000 productores agropecuarios, presagio que el censo agropecuario conocido en 2002 confirma.

Pero es en la actividad agrícola extensiva donde se experimenta la transformación mas profunda, ya que en el marco de las comoditis se consolida la actividad de diferentes figuras empresarias que toman en arriendo u otras formas de alquiler tierras de pequeños y medianos agricultores, para integrar superficies de escala acorde con la idea de producción de comoditis.

El impulso de las multinacionales granarias a este fenómeno de escala, es fundante ya que son quienes hacen de las comoditis su herramienta básica, para lo cual necesitan estimular el concepto de “ineficiencia” de los pequeños agricultores, para quienes solo se les augura su desaparición.

 

Cargill en un folleto de 1989 decía “Cuando piensen en vender su cosecha, pueden contar con que la experiencia de Cargill les ayudará a obtener los mejores resultados. Ofrecemos alternativas flexibles en el comercio de granos para reducir los riesgos de precio e incrementar las ganancias. Si prefiere, podemos almacenar su cosecha para ayudarlo a reducir su inversión en la granja, y ofrecer su grano  para la venta.”

Gran parte del comercio local de acopio y consignación es derivado, a empresas como Cargill, muchos acopiadores regionales desaparecen ante la pérdida de posibilidades de competir y aquellos que persisten en la competencia son adquiridos por las multinacionales. Las empresas dedicadas al comercio de comoditis, ganan dinero  de ida y  de vuelta, es decir, tanto al comprar como al vender.

La opción por la producción de comoditis, toma formas definitivas por parte del gobierno nacional en 1996 con la aprobación de la sojaRR (Round up Ready) geneticamente modificada para tolerar la aplicación del herbicida glifosato.

La liberación a cultivo de esta semilla es el comienzo de una serie que continua en 1998 con el maíz Bt ( planta insecticida para el barrenador del tallo) y en 2004, con el aval “inesperado” del ministro de economía, el maíz RR (resiste la aplicación de glifosato).

Estas liberaciones a cultivo, están presentadas y fundamentadas en la “necesidad de mantener la competitividad del agro” para enfrentar las políticas proteccionistas, en especial los subsidios europeos, es difícil encontrar alusiones a los subsidios (encubiertos o no) de los Estados Unidos.

La competitividad que se protege y asegura, es de “ese agro” que produce divisas, que luego son aplicadas para el pago de la deuda externa y los planes sociales.

Está claro que el pago de la deuda externa es el que impone el modelo agro-exportador de comoditis, marginando el desarrollo y producción local de alimentos culturalmente asociados a la soberanía alimentaria del pueblo argentino.

En su libro Gigante Invisible, el investigador canadiense Brewster Kneen, describe el siguiente escenario: “ He comparado a la semilla híbrida con un sobre dentro del cual se esconden las relaciones de producción. Observando las actividades de Cargill en India, no es difícil imaginarse a la semilla como un ejercito colonizador, los invasores de la tierra que obligarán a los campesinos a producir comoditis agrícolas  para el poderosos colonizadores, quienes llevarán estos comoditis (quizás a otras tierras), los procesarán, y los traerán de vuelta para que puedan ser adquiridos por aquellos colonizados que puedan permitirse el lujo de pagarlos. Esto es exactamente lo que los británicos hicieron con la industria textil en India; esto es contra lo que Gandhi protestó..”( Kneen.2002)

La diferencia con nuestro caso, es que las comoditis se procesan en el  país para alterar ( ¿podemos decir adulterar?) alimentos tradicionales, hasta imponerlas como “respuesta solidaria de la agroindustria para el hambre mas urgente…”

Es sorprendente la similitud con la realidad nacional, cuando en otro párrafo Kneen asegura: ” El proceso global en que Cargill está comprometido también puede describirse como la recreación del feudalismo, con la intención de sacar a las personas de su tierra por medio de lo qué se podría describir como actos de encierro, obligándolos a convertirse en trabajadores a sueldo y en compradores de lo que antes se autoabastecían. Éste es el proceso que todavía se conoce con el engañoso nombre de progreso “.

 

Es reiterativo el uso del dato numérico por el cual se llega a la conclusión de que “Argentina produce alimento para 300 millones de personas..” afirmación que rechazamos con el argumento que hemos expuesto, ya que la soja (principal comoditi nacional) NO forma parte de la cultura alimentaria de los argentinos ni de la mayoría de las culturas del mundo.

Pero lo grave es que con dicho argumento, se justifican presupuestos y esfuerzos públicos para investigación y desarrollo de comoditis “para terminar con el hambre del mundo”, cuando en realidad quienes manejan estos productos se proponen “…egociar comoditis agropecuarios como  materia prima para ser desintegrados y luego reconstruidos transformándolos en algún  producto con valor agregado para el mercado, y conseguir así un beneficio para la corporación…”(Kneen 2002) .

En el libro citado se analizan los conceptos que predominan entre nuestros funcionarios e incluso entre el público en general, quienes creen que las corporaciones son las mas idóneas  para planificar la producción global y la distribución de acuerdo con los dictados, o la ideología, del mercado. De acuerdo con esto, Cargill se autopostula como el agente más competente para ayudar al desarrollo de los pueblos retrasados (es decir, no industrializados) del mundo.

En 1965 desempeñando funciones de investigación en la EEA de Hilario Ascasubi, Buenos Aires (inaugurada en 1966) realicé conjuntamente con la Facultad de Agronomía, Cátedra de Climatología, de la Universidad de Buenos Aires los primeros ECR de soja con riego. La favácea (entonces leguminosa) se presentaba como promisoria para incluirla en las rotaciones como reponedora de fertilidad y por su aplicación como forrajera y oleaginosa…nunca se cruzó por nuestra mente el consumo humano directo.

A comienzos de 1972, en un nuevo destino, la EEA San Pedro, Buenos Aires, comienzo a experimentar la expansión del cultivo de soja, el que desde mi óptica de especialista en horticultura aparecía en los relevamientos periódicos como competidora por tierra con la batata (Ipomoea batatas), ya que ambos cultivos son estivales.

En un estudio de situación conducido en coordinación con el Centro Internacional de la Papa de Lima, Perú, a fines de 1980, se determinó con claridad que los productores de batata en San Pedro y su zona de influencia, que promediaban 20 hectáreas dedicadas a ese cultivo, comenzaban a abandonarla para producir soja.

Es notorio que si los productores optaban por la soja en lugar de otros cultivos tradicionales era por que resultaba mas rentable.

Si embargo no ha sido muy estudiado el origen de este desplazamiento de la demanda internacional hacia la soja.

Una hipótesis es que en los años setenta a consecuencia de la corriente del Niño, se produjo el derrumbe de la industria pesquera de anchoa en la costa del Perú, esta era la base de la elaboración  de alimentos balanceados para nutrición animal  y esto impulsó la utilización de la soja como substituto del pescado en los alimentos balanceados de América del Norte y Europa.

Una sequía en América del Norte provocó la suspensión temporal de embarques de granos a Europa.

Todo lo expuesto motivó el aumento en los precios de la soja y como consecuencia  la rápida expansión de su cultivo a nivel mundial (Kneen 2002) y en particular en Brasil y Argentina.

La presión de la demanda de asesoramiento técnico a la Agencia de Extensión como de la Estación Experimental de San Pedro, se centraba en el cultivo de soja, en particular sobre manejo sanitario.

El fenómeno de la rápida difusión de la soja en el litoral norte de la provincia de Buenos Aires, fue trascendental para la EEA del INTA de San Pedro, la que desde su creación tenía como líneas de trabajo principales horticultura y fruticultura,  actividades dominantes en el área de jurisdicción, desde La Plata hasta Rosario. Los técnicos de la EEA comenzaron a conducir ensayos en control de malezas, insectos y enfermedades.

La siembra directa

La situación económica de  “globalización”  y opción por la producción de comoditis, produce el desaliento de producciones tradicionales como las legumbres, que fueran actividad invernal privilegiada en la región del norte de la provincia de Buenos Aires y sur de Santa Fe, donde industrias como La Campañola, Inalpa, Inca y Versalles, procesaban arvejas y lentejas, congeladas, enlatadas, secas, partidas y remojadas; tanto para mercado local como  para la exportación , en particular a Brasil.

Sobre el comienzo de la década del 80, acelera el abandono de los campos por parte de pequeños y medianos productores, quienes entregan su tierra a un tercero para su siembra y cosecha. En algunos casos se trata de un vecino que va “agregando” tierra a su campo por contar con suficiente potencia de tractor y maquinaria, con mano de obra familiar que le permite cultivar mayor superficie de tierra con igual capital inicial.

Cuando la extensión de tierra sobrepasa las 500 hectáreas, se presenta la necesidad de contar con mayor potencia de tracción para el laboreo y sembradoras de mas ancho de trabajo, que permitan la preparación y siembra de la mayor cantidad de hectáreas por día.

Es el momento que aparece en el mercado el tractor Zanello de industria nacional, articulado de mas de 100 HP. Al aumentar la velocidad de trabajo con los implementos tradicionales de labranza como la reja y vertedera, los impactos en la estructura de las tierras se agravan campaña tras campaña.

Si a esto se le agrega las consecuencias del abandono de los ciclos de ganadería con ciclos agrícolas, no se hicieron esperar y la erosión comenzó a ser preocupante en un panorama generalizado de agricultura permanente. La mayoría de los agricultores era consiente, y sigue siéndolo, de que las rotaciones con ganadería dan a su campo mayor capacidad de reponer fertilidad, sin embargo la presión por obtener mayor renta hace que opten por la agricultura permanente.

El INTA implementa entonces el PAC : Proyecto de Agricultura Conservacionista, para difundir prácticas de manejo que evitaran las pérdidas de tierras por erosión y un mejor aprovechamiento de la humedad en los cultivos de verano.

 

 

La EEA de San Pedro, por medio de sus técnicos de suelos y fertilidad comienza ensayos de siembra directa, con la rotación trigo / soja. En un principio las máquinas utilizadas eran las tradicionales de trigo a 17,5 cm entre tubos y las de maíz con surcos a 70 cm.

El problema mas serio en malezas era el sorgo de Alepo (Sorghum halepense),  para cuyo control se utilizaba una ingeniosa herramienta de acople frontal del tractor, denominada soga que consiste en un tubo de PVC de 10 cm de diámetro, con los extremos tapados formando un recipiente, en el que entra y sale a tramos constantes, por el frente de avance del tractor, una soga de cáñamo.

El tubo se llena con una mezcla de glifosato en agua, de manera que la soga permanece empapada y al pasarla por encima de la soja solo tocaba el sorgo de alepo mas alto que la soja.

En esta forma con solo un litro de glifosato por hectárea se controlaba la principal maleza de los cultivos de soja en aquel momento. Esta soga se sigue utilizando en el cultivo de batata.

Es importante recordar que las sojas por entonces no eran tolerantes a glifosato y este artefacto permitía evitar el contacto del herbicida con la soja

Para controlar otras malezas los propios agricultores habían desarrollado carpidores de fabricación casera que eran muy eficientes en escardillar y aporcar la soja que, como queda dicho se cultivaba a 0,70 metro entre filas.

Desde los primeros ensayos, quedó demostrado que una de las principales ventajas de la siembra directa era el almacenamiento de agua en el perfil, evitando la perdida de humedad durante las labranzas previas a la siembra a fines de invierno.

La falta de roturación previa a la siembra obligaba en muchos casos a un control de malezas en precosecha del trigo o presiembra de la soja y maíz; en esos lotes, como en los barbechos químicos, se utilizaba glifosato y ya aparecieron como resistentes quínoa (Chenopodium sp.), enredadera (Convolvulus sp) y cien nudos (Polygonum aviculare) (Inta 1997).

De acuerdo a lo que hemos descrito, la siembra directa desarrollada sobre la base de la rotación trigo /soja, utilizaba  las sembradoras tradicionales. El espacio, la línea, que estaba destinada a la siembra de soja, era anulada al momento de la siembra de trigo de manera que, en ese lugar no había rastrojo (restos de cosecha) lo que permitía a una máquina de uso corriente hacer una siembra correcta sin necesidad de órganos especiales de penetración en el terreno para depositar la semilla.

Desarrollos posteriores de maquinas sembradoras especiales para siembra directa, van reduciendo las distancias entre líneas, se mejoran los órganos de penetración para poder trabajar con mayor  cantidad de restos vegetales en superficie. Paulatinamente aumenta el ancho de trabajo, el peso de las sembradoras y consecuentemente las mismas demandan mayor potencia de tracción.

La siembra directa se transforma así en una práctica que exige inversiones de importancia, que solo la hacen accesible para grandes productores, “contratistas” , “pooles de siembra” o “empresas agroindustriales”. Si un pequeño o mediano productor decide utilizar la siembra directa deberá  pagar al contratista en efectivo,  lo que resulta una opción de mayor costo que la siembra convencional.

 

La utilización de la siembra directa en otras actividades agropecuarias, demuestra lo dicho anteriormente, por ejemplo en el caso de implantación de pasturas para el tambo , Etienot menciona los siguientes valores comparativos:

Sorgo forrajero: Convencional: 94,80 $ (= 1U$S) SD: 110 $

Avena:                              79,80                             92,60

Moha :                             68                                  80,80

Sorgo granífero:            79                                  99     ( Etienot,1994)

 

Los transgénicos

La rápida difusión de la soja, y la adopción de la siembra directa se vieron potenciadas por la liberación al cultivo de las  sojas RR, por parte de la SAGPyA en el año 1996.

Estas sojas transgénicas ( modificadas geneticamente ) tolerantes a aplicaciones del herbicida total glifosato, presentaban la solución a uno de los principales problemas de esta práctica, asegurando que solo se utilizaría dicho matayuyo, lo que redundaría en menor impacto ambiental y menores costos en aploicaciones y mano de obra en aploicaciones.

La consultora americana Doane Marketing Research, un año ántes de su lanzamiento, había realizado un sondeo entre productores de varios paises, tratando de establecer el grado de aceptación de los cultivos RR y  en el mismo se determinó que en Argentina la tecnología propuesta tendría mayor aceptación que en EEUU  (Patiño.1998).

Al parecer, las sojas modificadas geneticamente (GM), presentaban las ventajas ya mencionadas para el agricultor argentino, que al contar con grandes extensiones de tierra, podía obtener un producto barato, un commodity altamente competitivo, para exportación en la forma de aceite y expellers para alimento de ganado, en especial europeo.

Es de hacer notar que los rendimientos no forman parte de la nueva tecnología  y no fueron factor influyente en la adopción de las semillas modificadas geneticamente.

En la revista Mercado Rural, el extensionista del INTA de Marcos Juarez (Córdoba), admite que, los agricultores que tienen lotes limpios se inclinan por variedades normales (no RR), con mas potencial de rendimiento, en dicha publicación se agrega que “ en la Red Nacional de Cultivares de Soja , que lleva a cabo el INTA en toda la región pampeana, entre los materiales del grupo IV las variedades RR se encuentran algo lejos todavía, de algunos materiales tradicionales…el potencial de rinde con respecto a las variedades tradicionales son una asignatura pendiente “(del Pino 1999).

El rendimiento, tomando lotes de igual manejo  y considerando la misma base genética, donde solo la variable sea la tolerancia a glifosato, no existe, mas aún la desaparición de semilla normal ( no GM ) impide comparaciones al menos con rigor estadístico.

 

 

Sin embargo ya  en EEUU se ha comprobando su menor rendimiento, según Benbrook  (1999), la reducción alcanza al 6,7% de las mejores variedades convencionales, y 5,3 % inferiores a la media general de todas las variedades.

En la reciente Conferencia de Soja en el Oestemedio realizada agosto de 2004, en Des Moines, Iowa, EEUU,  se presentó un informe donde se demuestra la tendencia de los rendimientos entre 1972 y 1993, donde cada año incrementaban 45%, alcanzando el máximo en 1994, para permanecer estables hasta 2003 y caer 5,88 bushell/ acre, en el 2003 .(Dan Sullivan www.newfarm.org/features/0904/soybeans/index_print.shtml September 28, 2004)

La experiencia agronómica indica que, en la medida que un cultivo es mejorado en cuanto a su rendimiento, con una demanda estable, la superficie sembrada se mantiene o, lo que es mas frecuente disminuye. En el caso de las sojas RR los records nacionales de cosechas se están logrando con un ritmo de aumento en las superficies sembradas de 700.000 a 1 millón de hectáreas por año, lo que confirma que los rendimientos por unidad de superficie, no han aumentado.

En lo que respecta a la menor aplicación de herbicidas, en EEUU, ya se están registrando 2 a 5 veces mas dosis por hectárea, debido al cambio florístico de las malezas (Benbrook , 1999). En Argentina , Walter Pengue (1999 y 1998) ha estudiado un fenómeno similar.

Los datos de consumo tanto de fertilizantes como de herbicidas es considerado por la mentalidad técnica agronómica reinante como parámetro de aplicación de tecnología, sin embargo resulta llamativa la forma como se expresan las cifras ya que, cuando se desea hablar de OGM y reducción del consumo de agrotóxicos se utilizan cuadros con datos en dólares como puede verse en el cuaderno Nº 4 de El Gran Libro de la Siembra Directa en la página 105. No se mencion que luego del vencimiento de la patente internacional del glifosato en 1999, la entrada en el país de la droga para su formulación nacional fue un factor fundante para reducir los costos en siembra directa.

Por otra parte cuando se desea enfatizar el bajo consumo de fertilizantes en Argentina comparado a países desarrollados se indican, como puede verse en el cuadro de la página 95, del mismo cuaderno ya mencionado, cifras en toneladas.

Según una encuesta realizada por la Unidad de Extensión y Experimentación , Marcos Juarez del INTA y la delegación del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Códoba, el principal factor que influye en la adopción de variedades genéticamente modificados de soja , es el convencimiento que con las mismas se reducen los costos ( 93 % de los encuestados)

En la revista especializada Márgenes Agropecuarios del 1º de setiembre 1998, página 38, para soja de tecnología de punta en el Norte de Bs As, en siembra directa, Grupo IV, los costos totales con semilla normal (NO RR) son 214,7 $/ ha; en tanto que con semilla RR, 243,4 $/ha; con esta información resulta difícil coincidir con los encuestados, que aseguran tener menores costos.

En Argentina, como en EEUU, el insumo de mayor incidencia relativa en los costos, es la semilla, donde lo mas llamativo es que con el costo ya detallado, el Margen Bruto para la soja RR es de 288,9 $ y con semilla normal, la publicación asigna un MB de 317,6 $/ha, A estos datos se debe agregar que, contrariamente a lo determinado en el mencionado estudio de Benbrook, donde los rendimientos son menores, a los efectos del cálculo de la revista Márgenes Agropecuarios el rendimiento  considerado es el mismo, dato que hemos visto  no es correcto.

 

 

Una  misión  de la General Accounting Office de los EEUU, viene a Argentina y produce un informe que deja establecidas las diferencias de precio entre la semilla de Monsanto vendida en los dos paises:

Soja RR en EEUU       20 – 23 u$s ,

Soja RR en Argentina 12 – 15 u$s.

Pero en la página 15, el mencionado informe indica el siguiente porcentaje sobre la semilla sembrada:

Ventas comerciales  28 – 50 %,

Semilla guardada por el agricultor  25 – 35 %,

Mercado negro  25 – 50 % (GAO 1998).

Resulta evidente que la adopción masiva se debió a la disminución de mano de obra necesaria para la siembra y a la posibilidad de que la gran mayoría de los productores no  compraran semilla de soja RR (resistente a Round Up). Siguiendo la tradición de los agricultores cuando una variedad les interesa, los vecinos comparten la novedad cada uno la multiplica, especialmente como en el caso de trigo y soja que son predominantemente autógamas, luego devuelve la semilla que recibió y continúa por su cuenta reproduciendo la semilla año tras año ( la denominación corriente es semilla de “bolsa blanca”).

Monocultivo o monocultura

Mas allá de las evidentes contradicciones sobre los verdaderos costos de esta práctica, la siembra directa, se difundió por las ventajas que representa en una economía de escala, donde el capital  invierte en maquinaria de mayor tamaño para reducir los tiempos de siembra y manejo cultural de mayores extensiones con menor insumo de mano de obra.

La cualidad de que la siembra directa sea una forma conservacionista de producción, no es la motivación principal para su adopción. Con la aparición de las sojas RR esta práctica recibió un impulso que coincidía en un todo con los requerimientos de la escala acorde con la producción de comoditis.

Si bien es promocionada  como sustentable, la siembra directa ha llevado sin embargo, a niveles críticos, plagas como el nemátode del quiste (Baigorri y otros 1998); luego las babosas y caracoles         ( Fernandez 1998) (Zelarayán 1999),  el bicho bolita (Trumpere y Linares 1999) y la roya asiática de soja, que en esta temporada -2004-2005- tiene a todos los productores de soja en estado de alerta (Machado, 2004).

Dichas adversidades generadas con la siembra directa dan como resultado el aumento de tratamientos con numerosos agrotóxicos que además de incrementar los costos de producción, representan una seria amenaza para el medio ambiente.

Las circunstancias macro económicas que impulsaron la expansión del cultivo de soja, han variado, en especial lo referido al precio mundial de esta comoditi, reflejo de un 25% menos en la demanda por parte del mercado Chino, respecto al año 2003 (Machado 2004).

A las menores perspectivas de rentabilidad de la soja, se agregan datos alarmantes de pérdida de fertilidad debidas al monocultivo. Por tal razón se comenzó a promocionar al maíz como posible reemplazo, especialmente por el mayor aporte de rastrojo de la poácea; no cabe duda que la liberación al cultivo del maíz RR ha tenido como objetivo asegurar a quienes han adoptado la siembra directa, continuar con el mismo sistema con  otro cultivo.

Como se indicó, las primeras experiencias en siembra directa, partían de la base de la rotación trigo – soja, lo que aseguraba un aporte importante de rastrojo por parte del cultivo invernal. Los márgenes negativos para el trigo hicieron que este cultivo también se abandonara, optándose por el barbecho químico, que incrementó el empleo de herbicidas tanto en número como en cantidad.

Lo cierto es que el panorama del trigo no ha cambiado y, si bien el maíz en la actualidad no presenta  perspectivas de una rentabilidad similar a la soja, se están proponiendo nuevos tipos de contratos de producción con precios especiales en modalidades de Identidad Preservada con híbridos de características diferenciales (Rodríguez,2003).

Si bien el monocultivo de soja ha llegado a extremos inimaginables, su reemplazo por maíz o cualquier otro cultivo estival, e incluso la incorporación a las rotaciones de cultivos invernales, no nos parece que modificará los problemas mas graves que ha traído aparejada la siembra directa con materiales RR.

Nuestro diagnóstico  es que estamos ante un problema de monocultura y no de monocultivo; que en realidad hoy el problema agronómico mas serio lo presenta la siembra directa y la serie de insumos asociados. Dichos problemas no serán resueltos cambiando cultivos.

Considerando el caso de las malezas resistentes a glifosato que se mencionaran anteriormente, seguirán siendo resistentes independientemente del cultivo que se trate.

Lo mismo ocurrirá en el caso del bicho bolita o de los  caracoles y babosas, ya que estas “nuevas plagas”no son específicas de la soja, sino que  han sido generadas por el hábitat que se creó con la acumulación de rastrojo y la falta de remoción del terreno con arado o rastra y su exposición para que las aves  hicieran la tradicional limpieza.

El Dr. Kobayashi, experto en microbiología del suelo del Japan Internacional Cooperation Agency (JICA), que trabaja en INTA, en el Centro Nacional de  Castelar nos comunicó personalmente que “Este sistema de cultivo es muy efectivo a la hora de evitar la erosión del suelo, pero no es un buen método cuando se trata de la protección de las plantas” . El experto nos aclara que este sistema “ … provoca el resurgimiento de las enfermedades, ya que deja las raíces y los tallos infectados con hongos patógenos dentro del suelo hasta el año siguiente”.

Resulta muy llamativo que las recomendaciones de este especialista que hace muchos años trabaja en el país en temas de microbiología del suelo, hayan sido ignoradas hasta por las propias instituciones a las que él pertenece. En reiteradas exposiciones el Dr Kobayashi ha manifestado que “ Si se persiste con este sistema de cultivo, no sólo se encontrará con la constante amenaza de las enfermedades del suelo, sino que también existirá la posibilidad de enfrentar el deterioro de las tierras y la destrucción del medio ambiente”.

 

Conclusiones

La monocultura, representa a nuestro entender, una realidad de la cual será muy difícil salir sin graves daños en el medio ambiente y en la sociedad toda, ya que la  expansión  del cultivo de soja, hasta ocupar gran parte de las banquinas de nuestras rutas nacionales y provinciales, junto a la desaparición de cultivos tradicionales, tanto anuales como frutales produjeron un impacto poco mencionado y menos estudiado en otras producciones, tal es el caso de la miel.

La apicultura es sinónimo de flores es decir floraciones sucesivas y variadas a traves del año.La pequeñez de la flor de soja:7mm de largo desde la base del cális hasta la punta del estandarte, y 6 m m  de diámetro del estandarte, y su escaso atractivo, hacen que sea muy poco visitada por las abejas, por otra parte las frecuentes pulverizaciones con los mas variados agrotóxicos obligaron a los apicultores a llevar los colmenares a zonas marginales y frecuentemente donde ya había sido desplazada la escasa “ganadería a pasto” que ha resistido la proliferación de los corrales de engorde “feed lots” alentados por los cereales baratos .

Los movimientos reiterados (trashumancia) de las colmenas y la frecuente falta de flores, producen alteraciones en el normal desarrollo de la colmena la que resulta mas afectada por patología causadas en especial por bacterias.

Esta realidad tomó a la producción de miel en momentos de alta demanda por la salida del  mercado internacional del entonces primer exportador mundial: China.

La apicultura toma un especial impulso 1998/99 y Argentina pasa a ser el primer exportador mundial. En el contexto de las “comoditis” prima la mentalidad de escala y la producción “artesanal” típica de pequeños apicultores, despierta las espectativas de quienes solo consideran las posibilidades de lucro, en gran medida desde fuera

del ámbito rural, así se multiplican las inversiones en miles de colmenas cuyo manejo se deja en manos de terceros y así a fines del 2003, Argentina corrió el mismo camino de China, quedando fuera del mercado por haberse detectado restos de (AOZ) furazolidona, en las mismas.

Este contaminante, conocido comunmente como nitrofurano es residuo de un medicamento utilizado en sanidad apícola “de origen chino” que al  igual que el glifosato de ese mismo origen, se difundió por su precio inferior.

Por otra parte, la actividad apícola, repite la experiencia de la producción de soja, ya que, apesar que  aumenta la cantidad de colmenas, la producción de miel se mantiene estable, debido a que no hay  campos con floración apta para colocar colmenas y los que lo son deben pagarse  para ubicar las abejas, algo que, tradicionalmente era a la inversa.

Como sucedió con la ganadería y la producción lechera, cuando la producción se recupere de esta crisis, muchos de los verdaderos apicultores habrán desaparecido y se pondrá en evidencia la concentración también en esta actividad.

Aquí residen en realidad los profundos cambios que no solo son productivos y agronómicos sino fundamentalmente sociales, ya que luego de estas transformaciones

se produce el desplazamiento de gran número de pequeñas empresas rurales generando mas desocupación.

 

Finalmente debemos poner atención en el futuro cercano de la agricultura de comoditis, la que depende cada día mas de los insumos energéticos: combustible, fertilizantes, herbicidas y agrotóxicos.

Al escribir este trabajo, octubre 2004 el precio del barril de crudo ha superado los 50 U$S,y si consideramos la marcada caída del precio de la soja, volverá a ponerse sobre la mesa la posibilidad de los bio-combustibles, como forma de reducir el impacto del precio del petróleo. El tema es muy complejo pero desde lo agronómico un cultivo dedicado a bio-combustible debe ser un típico comoditi: barato y fácil de producir a granel, es decir es sinónimo de monocultivo en monocultura de siembra directa.

BIBLIOGRAFÍA:

Baigorri,H. et al 1998 Estrategias para control de una superplaga. Super Campo Nº 41 febrero, pag 78 a 81.

Benbrook, Ch.1999.Where Is the Biotechnology Revolution Taking Oklahoma Agriculture and Will Farmers Be Happy When They Get There?  Presentación ante el Comité Especial en el Sector Económico de Agricultura del Senado del Estado de Oklahoma, EEUU 4 de noviembre

Coghlan, A 1999 New Scientist, 20 de noviembre RBI Limited 1999

Del Pino , A .1999. Que tendrán las RR. Mercado Rural, Nº 14, noviembre 1999, pag 3.

Etienot, R, 1994. Siembra Directa en Tambo. ACAECER, Julio ,Nº216, páginas 56 -57

Fernandez, G 1998 Cuidar el suelo para alimentar el mundo. Supr CampoNº 49, octubre, pag 38 a 43

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INTA 1997.Guía Práctica para el Cultivo de Maíz. INTA –SAGPyA-Min de Economía y Servicios Públicos

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Machado, L. 2004. Peligro de Roya.Super Campo Nº 112, página 16 y 18.

Machado, L. 2004.Qué cambia con los Nuevos precios. Super Campo Nº 121, página 10 a 16

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Patiño,J. 1998 ..Se abren las tranqueras para el maíz transgénico.Forrajes & Granos Journal Año 3 Nº 26 febrero  p 107 a 110.

Pengue, Walter.1999 Transgenic soybeans : Facing a sensitive Market. XXXVII BRAZILIAN CONFERENCE OF AGRICULTURAL ECONOMICS AND RURAL SOCIOLOGY “The Agribusiness of Mercosul and Ther World Economy” FIRST SOBER/IAAE JOINT SYMPOSIUM Foz do Iguacu – Paraná – Brazil August.

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Zelarrayán, E. 1999  Nemátode del Quiste. Una nueva plaga amenaza a la soja. INTA Desarrollo Rural del NOA Año III, febrero 1999.p 2 y 3.

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1 comentario

  1. Fausto Miranda

    Contenido muy interesante, sobretodo para Venezuela donde por decision del gobierno nacional no se pueden usar variedades transgenicas ni otros productos de la biotecnologia moderna.

    8 marzo, 2012 a las 6:13 pm · Responder

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